La imagen

LA IMAGEN DE LA VIRGEN

imagen de la soledad de burgosHan sido varias las imágenes de la Soledad que se han venerado y procesionado en Burgos a lo largo de los siglos; la actual es de principios del siglo XX y aunque no sabemos con exactitud en que fecha fue entregada por el imaginero Ildefonso Serra, si que sabemos que en el año 1905 salió por primera vez en procesión por las calles de nuestra ciudad.

Se trata de una imagen de bastidor, es decir, para ser vestida.

Las modificaciones sufridas por la misma han sido muy significativas.

La primera de ellas debido al incendio que sufre el 11 de febrero de 1934 en la capilla catedralicia de Santiago, siendo el burgalés Eulogio Valladolid su restaurador. Esta restauración consistió en la consolidación de ambas piernas y la peana que fue dorada de nuevo, así mismo hubo que realizar el tallado de tres dedos de la mano izquierda y uno de la derecha y reforzar el resto interiormente; también hubo que retocar y retallar la nariz, el labio superior e inferior, el párpado y ceja del ojo izquierdo y por último aparejo y nueva policromía, la corona  de espinas que porta en sus manos también hubo que hacerla nueva en aquel momento. La imagen por tanto experimentó una completa transformación.

En el año 1992 se llevó a cabo la segunda y última reforma en la imagen, que consistió en una nueva policromía para toda la talla, ya que la imagen se encontraba muy deteriorada por las diferentes capas de barniz y por el paso del tiempo. La restauración fue llevada a cabo por Florentino Lomillo, que realizó su trabajo de forma desinteresada.

 

LOS VESTIDOS DE LA VIRGEN

vestidos de la virgen de la soledadA lo largo de la historia la imagen ha poseído distintos vestidos, confeccionados con tejidos ricos como seda y terciopelo pero es el conjunto que se le coloca para Semana Santa el que más interés despierta, y el que más valor posee.

Se comenzó a confeccionar a principios del siglo XX, y en su primera fase ya está acabado en 1905, con los bordados que aún vemos en el mismo.

En 1947, se compra la tela para su ampliación, (que ya por entonces importó 10.000 pesetas),  y dos años después se completa el bordado antiguo por las religiosas Adoratrices que cobraron por su trabajo 5.000 pesetas.

En 1950 es rematado por las hermanas Salesas, labor realizada por dos monjas que trabajaran mano a mano en una habitación del convento acondicionada para tal fin.

El vestido se completa también por las Salesas en 1952, acoplando la toca y mantilla que luce con el mismo.

También, y de mediados del siglo XX, posee otro conjunto finamente trabajado en abalorio y azabache negro, con resaltes de hilo dorado.

En  el 2013 es donado otro vestido bordado en plata dorada confeccionado por el taller malagueño de Salvador Urdiales, con estética barroca andaluza.